Parque Recoleto
julio 20, 2021El paseo de la ciudad permanecía vacío, las bajas temperaturas invernales empujaban a la gente a permaner recluida en sus casas, sin embargo las intenciones de este hombre iban más allá que la de dar un tranquilo paseo.
Las hojas secas crujían bajo el flaco calzado del obrero, que forzaba sus casticados ojos en pos de reconocer el rostro del señor que descansaba en uno de los pocos bancos a los que todavía le llegaban los rayos del sol de la fría tarde.
Su peculiar bigote y el periódico doblado de esa manera tan singular le revelaron que esa era la persona a la que buscaba y a la que le tenía tanto cariño a pesar del tiempo transcurrido en la prisión.
Víctor Artemovsk había pasado 3 años en el penal de tierra del fuego por su activa militancia en el anarquismo, y la vida en esas latitudes le había pasado factura. Poco quedaba de sus grandes brazos y su aura desafiante, pero el brillo de ilusión en sus ojos no se lo había borrado ni el temible frío austral.
El abrazo que se dieron estos dos hombres, aunque corto, fue absoluto y las palabras en la conversación se fueron enredado en nuevas historias y anécdotas que tenían pendientes de contar. Ni los últimos rayos del sol escapando entre los bajos edificios hicieron que estos dos panaderos esclavos del trabajo perdieran el foco en su avivada charla, pues era en las palabras de estos pobres deslomados el único lugar donde las esperanzas, aunque ilusorias, podían realizarse .

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